40 años transformando decisiones en oportunidades de crecimiento

Una decisión, una idea. Y una convicción. Corría el año 1981 cuando el Ingeniero Agrónomo Álvaro Bazzino se encontraba haciendo una de las  tantas tareas de rutina en la granja de frutales de su colega Jorge Panizza: comprar la mezcla sulfocálcica para la cura de invierno.

Álvaro llegó a Quimur con la sonrisa que siempre tenía dibujada en su rostro, un sello de su personalidad, que todos le hacían notar. Pero algo alteró ese día, que era uno más en el calendario. Álvaro se sorprendió cuando escuchó que el vendedor le dijo que ya no tenía ese producto a la venta y que se iba a dejar de producir.

Y lo que en ese instante parecía un problema, se convirtió en solución. Pero además, y principalmente, se transformó en futuro. Motivado por el consejo del químico de Quimur, que le puso sobre el mostrador la idea de que se pongan a elaborar el producto, Bazzino empezó a crear una oportunidad dónde había un obstáculo.

Con la idea recién germinando en su cabeza, enseguida tomó la ruta rumbo a la fábrica de Conaprole. Era martes. Día de sesión del directorio que integraba Jorge Panizza, su jefe y propietario de las quintas frutales en Juanicó. El objetivo de Álvaro era proponerle la idea de elaborar la mezcla y la posibilidad de comprarle a Quimur la planta para empezar a producir.

La conversación fue de apuro, sin formalidades pero sin rodeos: en el pasillo del segundo piso, a escasos metros de la puerta que abre el directorio de la empresa. Panizza captó la idea de Bazzino y la estructuró rápidamente en su cabeza. Y como respuesta al planteo le encomendó averiguar precios, costos, plazos y algunos detalles más de los que Álvaro tomó nota para  llevarle todo a un contador y así delinear, a grandes trazos, la viabilidad del negocio.

Fue así que tras salir de Conaprole, Álvaro Bazzino llamó a su primo hermano, el contador público Roberto Reyes Borzone, quien ya tenía montado su propio estudio, para aterrizar y revisar la idea de elaborar la mezcla y comercializarla en Juanicó.

La visión de Bazzino fue siempre optimista. Los números que hizo Reyes cerraron y entusiasmaron. Y la confianza de Panizza en ambos fue clave. Se empezaba a gestar una sociedad que se llamaría Proquimur.

En menos de 90 días compraron la planta a Quimur, contrataron a un químico para realizar la fórmula, a un plomero de Progreso y a dos funcionarios de la quinta de Panizza para desarmar la vieja fábrica. Y con otros pocos operarios, que vivían en la zona, empezaron la primera producción, que Álvaro Bazzino vendió de forma anticipada a productores de la zona. “La suerte me acompañó siempre”, reflexiona hoy en día y recuerda que  salieron 300.000 litros de mezcla de esa primera producción.

Los desafíos de emprender

“Estás totalmente loco, Bazzino”. Esa frase fue una de las que más tuvo que escuchar Álvaro en estos cuarenta años de desafíos constante. La frase, sincera y directa, al pecho, se la dijo Jorge a Álvaro después de ver el estado en el que estaba la planta de Quimur: apenas se sostenía en pie.

Pero con trabajo y esfuerzo lograron transformarla, reacondicionarla y sacarle provecho. La planta empezó a formarse en el mismo lugar que se encuentra hoy Proquimur: en el kilómetro 35.500 de la Ruta 5, por aquel entonces propiedad del señor Almanza. Álvaro junto a su esposa, Fiorella Mazzocchi, encontraron un galponcito en ese terreno luego de pasar varios fines de semana recorriendo la zona, que estaba siendo golpeada por una crisis del sector vitivinícola.

Desde entonces, Álvaro siempre estuvo en la primera línea de trabajo: diseñando la estrategia de negocio, vendiendo, buscando nuevas oportunidades y proyectando el futuro. Tenía la certeza de que estaba por buen camino y veía con buenas perspectivas lo que tenían por delante. “Yo siempre que tomaba  un trabajo, lo tomaba como propio. Y quería emprender en algo mío”, dice Álvaro 40 años después como si estuviera viviendo en aquel primer día.

Roberto, por su parte, en su rol de socio y encargado de la finanzas participó activamente de forma externa hasta que se incorporó en el año 2000 definitivamente. Jorge Panizza desde el comienzo hasta la actualidad, estuvo externamente en el desarrollo de Proquimur.

El camino de los 40 años está marcado por mojones bravos y profundos que con el paso del tiempo son vislumbrados como hitos que permitieron cimentar la base de lo que es hoy la compañía. “Una multinacional uruguaya proveedora de insumos para América Latina”, define Panizza.

Después del comienzo, con el foco en la mezcla sulfocálcica, siguieron por el arsenito de sodio y luego compraron otra planta a Quimur. Allí quedó asentado el inicio y lo que siguió fue una etapa de comercialización y el proceso de aprendizaje de salir al mercado a vender. Obtener representaciones de multinacionales europeas, fue el eje que dio el impulso para posicionar Proquimur en el mercado local.

Rhône-Poulenc, Isagro, Sipcan y Cheminova marcaron el camino en ese sentido. Gracias al trabajo de comercialización de Rhône-Poulenc, Proquimur desarrolló la parte comercial y se hizo muy conocida en la zona granjera por los productos qué importaba desde Francia.

“Ahí aprendimos toda la parte comercial del negocio. Nos hicimos conocer y respetar”, cuenta Bazzino. Ya iba quedando atrás ese inicio “artesanal” que Roberto Reyes define como el origen de Proquimur.

Las representaciones internacionales, el impulso para crecer

Todo iba creciendo hasta que una mañana del 10 de marzo de 2002, todo cambió. Un tornado castigó al país y el epicentro fue Juanicó. El viento arrasó con lo material que tenía a su paso pero también con las esperanzas de muchos productores. Tan fuerte fue el temporal que tiró abajo toda la planta de Proquimur.

La situación vivida puso a los socios ante una dura encrucijada: volver a levantar la planta y seguir produciendo o solo enfocarse en la distribución de productos.

Dos factores fundamentales determinaron el primer camino: no dejar a las familias que dependían de Proquimur en la calle y  la inestabilidad de las representaciones dadas las fusiones de las multinacionales.  “Iban cambiando los dueños y las relaciones se iban perdiendo”, recuerda Bazzino.

Allí Proquimur decidió cobrar el seguro del tornado, reflotar la planta y empezar a formular productos que antes representaba. Esta decisión, nacida de una crisis, fue fundamental porque luego Proquimur perdió representaciones por los vaivenes del mercado.

Al poco tiempo, “los clientes fueron muy fieles y nos siguieron comprando a nosotros”, aún se enorgullece Reyes.

Los primeros 75.000 litros de Impact

Si la historia de Proquimur se puede separar en hitos, uno de los más notorios en estos 40 años fue la relación comercial con Cheminova de Dinamarca. La empresa comenzó a buscar un formulador en Uruguay y necesitaba producir Impact con proyección a 5 años. Varias llamadas, muchos faxes, registros, promesas, proyecciones, visitas de daneses, viajes a Dinamarca y las luces de una nueva planta, marcaron el camino hasta que salió la primera partida de 75.000 litros de Impact que fue mucho más que eso: fue marcar hacía dónde empezaba ir Proquimur.

De dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos: Somos Proquimur

Varios millones de litros después, la relación con Cheminova se terminó por las reglas del mercado pero eso dejó un aprendizaje tan valioso como productivo.

Terminada esa etapa, había mucho que mirar alrededor: Proquimur tenía una gran planta de producción con una capacidad que le quedaba grande para el mercado interno. El techo estaba marcado.

Allí comenzó, con una visión clara y sostenida en los valores fundacionales de los tres socios, la segunda generación de Proquimur. Antonio Emilio Bazzino Mazzochi y Jorge Panizza Carve, llegaron a la empresa con la misma serenidad que ambición por hacer que las cosas sucedieran y para poner en práctica una transición cuyo principal foco estaba en la internacionalización de la marca Proquimur.

“Empezamos de a poco”, recuerda Álvaro. “Todos estuvimos de acuerdo en la incorporación de Antonio y Jorge. Era necesario”, agrega Roberto. Así fue que comenzaron los registros comerciales en Argentina y Bolivia. Luego se comenzó a operar en dichos mercados y el crecimiento era cada vez mayor desde Juanicó a la región.

Jorge Panizza, en el departamento financiero y Antonio Emilio, primero en logística y luego en el área de nuevos negocios, desarrollaron el mercado exterior con la prioridad puesta en generar registros escalando en el mapa a pasos firmes. La formación de equipos de trabajo y la planificación a largo plazo con metas objetivas, fue uno de los pilares en ese proceso de captar nuevos mercados.

Doce años después del comienzo de esa transición, Proquimur cuenta con comercialización en Argentina, Paraguay y Bolivia y con registros en Perú, Brasil, Colombia y Ecuador y se proyecta a seguir creciendo apostando no solo a ampliar el horizonte sino a dejar huella. Y la forma de hacerlo es un valor que no se negocia ni se modifica: las relaciones personales.

“No somos la Coca Cola. Somos Proquimur”, resume Antonio Bazzino, hoy gerente comercial, para explicar lo que significa ser parte de una familia que ya tiene más de 120 integrantes. Ese concepto ha llevado a que el equipo comercial y su despliegue en el país sean una fortaleza y otra de las claves del éxito.

Esa visión y convicción de hacia dónde ir se puede graficar en una estructura y engranaje perfectamente aceitado para que la fuerza comercial pueda salir a la cancha: la excelencia, vanguardia y tecnología de la planta de producción y la capacidad de despliegue, innovación y estudio permanente del área de investigación y desarrollo que se aplica día a día y que es un orgullo no solo para la empresa sino para el Uruguay.

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